AVISO

Accede solo si te gusta leer el lore (historia) profunda del mundo de Ruddrack.

Acto I. Creación Divina

Antaño, cuando los dioses elementales crearon el mundo hubo una gran guerra que desencadenó el amor y el odio en Ruddrack:

Sharn-Nah, dios de la destrucción y la erosión capaz de controlar la tierra a su antojo que deseaba gobernar sobre todo y todos buscando arrebatar la vida a quien se opusiera a él, terminó sellado en las arenas del desierto.

Thalassa, diosa del agua y la vida perdió a su hermana menor y llenándose de un odio tan profundo que la hundió hasta las profundidades abisales del océano, provocando que naciera la puerta del inframundo.

Thrusa hermana menor de Thalassa que pereció al tratar de sanar las heridas que Sharn-Nah infligió a su amado dios del fuego, del cansancio y la pena por no lograr salvarlo se dice que cayó a la tierra y se convirtió en agua capaz de sanar cualquier dolencia.

D'Nalie dios del fuego que cayó en un sueño eterno y se convirtió en montaña, que sangraba la ardiente sangre que ahora forma las áridas tierras de Eiland.

Se dice, que de la unión de ambos dioses enamorados, nació el territorio más fértil de Ruddrack: Riverleaf, un lugar boscoso, repleto de vida y magia.

Céfiro, el dios del aire, que observó a todos desde los cielos dio un último suspiro para sepultar bajo las dunas que eran las ruinar del reino de Sharn-Nah, a la deidad y tras ello, decidió liberarse otorgando su derecho divino a un humano: un adalid al que le dio el poder divino.
Acto III. Cruzada del Eterno Ocaso

Tras el nacimiento de los demonios, el resto de razas se comenzó a unir en pos de reducirlos tras quedar la diplomacia muy, muy atrás.
Esto, provocó que comenzasen los conflictos internos, pero también que por una vez, la imparcialidad de los moradores de Eiland, los dragones...tomasen cartas en el asunto.

Seres totalmente puros en nacimiento de magia de fuego, no toleraban la energía corrupta, por lo que comenzaron una cruzada contra los demonios.

La guerra entre el Reino de Eiland y el Reino de Thalassa duró unos cien años, se le llamó la "Cruzada del Eterno Ocaso", ya que el cielo siempre estaba bañado con el color rojo de la sangre y desde Anaquel se podía ver la destrucción que dejaba a su paso.

Los demonios, maldijeron las tierras de Eiland, para que fueran infértiles y así matar a los dragones, pero estos, usaron a los propios demonios para alimentarse además de las bestias marinas de sus costas.
Acto V. El Mártir Celestial

El adalid, ofreció, no solo su vida...sino su propio reino.
Su isla flotante en los cielos, sepultó a los demonios hasta las profundidades del abismo, bajo el océano, haciendo que la propia Thalassa se comiera todo ese rencor y odio acumulado.

Sellaría la puerta al Reino de Thalassa con su sangre, con su vida. Tras el sacrificio del Adalid pasaron años, décadas.

El pesar inundaba el mundo de Ruddrack que recordaba con cariño el sacrificio del adalid, pero nuevas rencillas políticas comenzaban a surgir entre las razas. Resentimiento por no haber hecho suficiente, por no haber podido salvar a ese mártir tan amado por la creación.

La fe, se perdía. Y con ella, la esperanza. Hasta que un día, de entre las nubes, surgió una nueva isla. Un nuevo reino que tuvo su origen en las plegarias de los creyentes...y en su interior: una nueva adalid, marcada ya por los mismos dioses en señal de su arrepentimiento por hacer que unas pobres criaturas lidiaran con sus conflictos.

El Reino de Zéfira resurgió, con él de nuevo una armonía entre los cuatro reinos más importantes de Ruddrack.
Acto VII. Traición al Corazón

Llevado por su ambición y un amor no correspondido, el Rey de Anaquel, hizo un viaje. Viajó bajo la apelación de proteger las costas noroestes de su pueblo y en su travesía naufragó hasta las costas de la Isla de Thalassa.

Allí, cruzó las puertas de la fosa Abisal de la entrada y con la ayuda de un poderosísima archimaga, quebraron el sello. Y el infierno, una vez más se abrió emergiendo para contaminar las tierras de Ruddrack.
Al adentrarse en el Inframundo, el corazón del rey, se volvió mezquino, frívolo y corrupto.
La podredumbre de un pacto, tomó uno de sus ojos a cambio de obtener el poder para conseguir aquello que más deseaba...y en una sola noche, aquel hombre, volvió convertido en el mal en persona: en el Rey Ruín.
Pasarían unos siete años, en los que urdió un plan, para arrebatar la corona y la vida a quien fue su mejor amigos, siete años, en los que escucharía los susurros de los demonios como fieles consejeros abandonando el hombre que una vez fue, para convertirse en un monstruo sin corazón, despiadado.

Acto IX. La Caída

Presenciando la muerte de sus padres, Sharon, corrió por los pasillos despavorida aprovechando que el propio Rey Ruín se sentía contrariado...¿tan terrible era haber reinado con él?¿al punto de desear la muerte?

Estaba dolido y si quedaba algo de corazón en él, pronto fue marchito por la sangre que ahora bañaba sus manos. Fruto de su obsesión, carecía ahora la vida de sentido para él, al perder a la Emperatriz.

Y ahí, es cuando decidió que se haría con todo...para rellenar ese vacío en él.
Mandaría a buscar a la joven heredera al trono.
En los días siguientes, su mal humor aumentó, orquestando sus ejércitos y proclamando las coronas de los Emperadores como suyas propias.

Aliado del Reino de Thalassa, comenzó a atacar a los habitantes de Riverleaf, a aquellos simpatizantes de los antiguos Emperadores y a buscar a la princesa.

Tendría una coronación digna, era hija de su madre, de una adalid y por consiguiente la sucesora...¡el Rey Ruín aún podía tener esperanza! La tomaría como esposa, la corrompería y seguiría con el legado de Thalassa tras gobernar todo justo como Sharn-Nah deseó antaño.

¡Este apartado es ampliable en detalles, espero que hallas disfrutado de leer el lore más profundo de la situación actual del mundo de Ruddrack, muchas gracias por tu tiempo y dedicación!

Acto II. El Nacimiento

Tras la gran guerra de los cuatro divinos, el mundo de Ruddrack comenzó a poblarse gracias a la bendición de D'Nalie (dios del fuego) y Thrusa, distintas especies surgieron de las cenizas de reinos extintos, como eran el de Sharn-Nah.

Los humanos, raza castigada por Sharn-Nah, crearon dos reinos: el reino de Anaquel y el reino de Zéfira, donde residía el adalid para poder agradecer a los dioses el acto de la Creación.

En Riverleaf, los altos elfos, elfos del bosque como elfos oscuros, vivieron en armonía junto con los humanos y compartieron su don de la magia con ellos para crear así una alianza, conocida históricamente como: "la Alianza del Renacimiento".

En Eiland, comenzaron a surgir las primeras criaturas, alabadas por ser hijos de las entrañas del dios del fuego, comenzaron a prosperar los dragones. Siendo jueces, imparciales en los asuntos políticos del resto de reinos.

Sin embargo la paz no duraría para siempre, porque del mismo modo que el amor de Thalassa era infinito su odio y rencor no conocía límites. En pos de castigar a las razas del mundo, ella misma de su corrupción hizo nacer a los conocidos como: "demonios", con un solo propósito: destruirlo todo, que reinase el caos.

Acto IV. El Rito de los Cuatro Divinos

Como la guerra entre ambos reinos era insostenible, los reinos de Riverleaf y Zéfira, en pos de proteger a la gente de Anaquel y la vida en el mundo, decidieron acudir una vez más a los dioses.

Llevaron a cabo un ritual, para que el dios del viento escuchara sus súplicas. El ritual era llevado a cabo por el adalid, que tras bañarse al alba en el lago Lágrimas de Thrusa, acudía a un monolito sagrado, monumento a los dioses caídos en pos de proteger la vida.

En el monumento, el adalid ha de ser pintado con su propia sangre, para lucir unos estigmas que sellen la energía divina dentro de su cuerpo y estar toda una noche ofreciendo sus plegarias a los cuatro divinos, a los elementos que representan:

"Oh, padre tierra tú que me ofreces hogar y firmeza me otorgas al caminar, refúgiame del pesar.
Oh, madre agua, tú que me das la vida y alivias mi pesar, sáname de cualquier mal.
Oh, padre fuego, tú que forjas en mi la voluntad inquebrantable, dame fuerzas para luchar.
Oh, padre viento, tu que me brindas mi último aliento, haz que resista este vendaval."


Tras el ritual, el adalid alcanzó sinergia con la divinidad y en pos de sanar el mal que había en el mundo, ofreció su sacrificio: su vida, su hogar.



Acto VI. Coronación Estigmatizada

Lis, que era la nueva adalid, reinó junto con el Rey de Zéfira convirtiéndose en Emperatriz y Emperador de Ruddrack al ser grandes soberanos.

Habían estrechado lazos con los reinos y mantenían el delicado equilibrio de las relaciones diplomáticas. Se les conocía como los "Emperadores Bondadosos".
Eran como una especie de reino ancla, que mantenía los comercios entre tierras, la burocracia y las relaciones de forma sana y estable.

Sin embargo, el Rey que gobernaba Anaquel, antiguo amigo del Rey de Zéfira, no tenía suficiente con gobernar unas bastas tierras fértiles. Quería más.
Y sabía lo que quería: a la adalid como su Emperatriz.

Comido por su ambición, sus celos y las ansias de sentir el amor de la Emperatriz, intentó en varias ocasiones seducirla, sutilmente. Sin embargo, la Emperatriz estaba enamorada del Emperador y pronto, dieron luz a una niña, su sucesora.

El rey de Anaquel, al saber aquello, cruzó la línea.

Acto. VIII. Destino Aciago

Justamente, cuando era la noche en que Sharon, hija de los Emperadores, debía de pasar por el rito de sucesión y ser la próxima adalid, el Rey Ruín, puso en marcha su plan:

Dyanne, que era cómplice, sumió a Sharon en un sueño. Aceptaría la nueva realidad al despertar.

Y es que, mientras Sharon dormía, esa noche las pesadillas cobrarían vida: el Rey Ruín, dio una última oportunidad a Lis de doblegarse a él por voluntad propia, yacer esa noche y ceder su corona...pero la adalid, lo declinó.

Y con ello, fruto de ese amor imposible, nació la traición. El Rey Ruín asesinó a su antiguo amigo en un duelo de espadas...pero no solo lo asesinó a él, sino a Lis, que buscó protegerle al cubrirle con su cuerpo.

Justo, cuando una pequeña niña despertó para verlo...
Acto X. El Reinado del Rey Ruín

Tras la partida de la princesa con ayuda de unos pocos aliados, pudo vivir más o menos bien. Oculta, pero dejando un paso de muertos a sus pies.

Todo aquel que la protegía, todo aquel que la resguardaba de acabar en las garras del Rey Ruín, perecía.

En tan solo siete años después, la joven princesa, había aprendido muchas cosas...y entre ellas no confiar en nadie, no depender de nadie.

Porque los elfos, allá en Riverleaf, ya no eran aliados, la venderían desesperados por encontrar la paz para su pueblo maltratado y esclavizado.
Anaquel, ciudad de humanos y donde había magia, era el reino del Rey Ruín y su propio hogar, era el lugar donde ahora este mismo pasaba las noches a la espera de tenerla de rodillas en la sala de audiencia.

No tenía hogar.
No tenía poder.
No podía luchar.

Sharn-Nah, era un infierno de lugar, no resistiría demasiado en las dunas ardientes. Thalassa, siquiera era una opción, tras que se quebrase el sello, era mucho más común ver demonios en las tierras de Ruddrack.

Eiland, era el único reino aún no tocado por la mano del Rey Ruín, pero curiosamente, se mantenía al margen ya que consegía favores comerciales.
No eran aliados.
Pero era lo único que tenía.
Su fe flaqueaba, pero aquella, era la única salida.
@MsMspc ART - D I S C L A I M E R, art not mine.
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